Hemos tardado un año, pero finalmente sabemos ya qué quería decir la Ministra con lo de las «soluciones habitacionales». La señora Trujillo, después de elaborar su propuesta inicial, ha llegado a la conclusión de que para resolver el problema de la vivienda en nuestro país, además de la Agencia del Alquiler, el Gobierno debe facilitar a jóvenes e inmigrantes viviendas de protección oficial de 25 metros cuadrados. Efectivamente, una habitación. Los habitantes de las casas compartirían algunos servicios comunes y si la familia se expande, se tira el panel de la habitación contigua y ya está. Eso sí, no ha especificado la Ministra qué hacemos si las habitaciones situadas a izquierda y derecha están habitadas. Es de suponer que el que primero cambie su ciclo vital echa al vecino. Pero esto no está claro.
Ya muchos hablan de las corralas, de la vuelta a esos patios de vecindad que recreaban las zarzuelas. O a los pisos del quinquenio que te daban en los regímenes comunistas. La Ministra, no, ella habla de Finlandia. Habrá estado allí. No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que su incapacidad para hacer propuestas medianamente sensatas es manifiesta y su vergüenza ante el ridículo, nula.
A mí, personalmente, al escucharla me ha venido a la cabeza otra imagen: la que refleja la película Doctor Zhivago. Esperemos que la próxima idea no sea esa, si no cualquier día viene alguien del Ministerio a tu casa y te dice: ¿cómo 120 metros para una sola familia? aquí caben cuatro. Y, de repente, te encuentras compartiendo tu vivienda, que todavía le debes al banco, con un matrimonio de ecuatorianos con dos hijos, una viuda, un estudiante y una madre soltera.
De verdad, si no fuera porque lo dice en serio, daría para una serie de televisión y para reírse un rato. Y, desde luego, si es una fórmula para que los jóvenes nos independicemos, ya no nos echan de casa ni con agua caliente. Dice Trujillo que la sociedad reclama nuevos tipos de vivienda. Yo le recomiendo que empiece ella dando ejemplo, que se dé prisa en construirlas y si para entonces todavía es ministra o no, da igual, que sea la primera en la cola para adquirir una de esas «soluciones habitacionales» que tanto la ponen. El problema de la vivienda en España es demasiado serio para que esta señora se ría de nosotros. Basta ya.